viernes, 24 de diciembre de 2010

La vida es y seguirá siendo el pretexto que nos convoca

En  Campo de la Cruz, Santa Lucía, Candelaria y Manatí no habrá nochebuena no en razón de los valiosos aportes de los 'solidarios' colombianos, ni a causa de nuestra madre naturaleza que sigue llorando por tanto dolor que le aqueja. En dichas poblaciones así como en África, Bolivia o nuestro mismo barrio no habrá noche buena porque por más donaciones que se hagan esencialmente nada ha cambiado.



Navidad, es una de tantas ocasiones donde el ocio tiene lugar, desde éste, nos es posible secundar un instante en el marco del consumismo que atañe a las mayorías, o disponernos a observar detenidamente la crudeza de un planeta investido de desolación o de los aparentes esfuerzos del hombre por contener los efectos de su deshumanizada ansia de crear y recrear sociedades inequitativas, ligadas a sistemas asfixiantes de producción.

La vida es y seguirá siendo el pretexto que nos convoca, bien en la adversidad donde emerge el llanto y la desesperanza o en la felicidad efecto del egoísmo que nos es esencial, quizá sea más fácil conquistar sonrisas aparentes que escribir textos a partir de lagrimas que evocan situaciones existenciales para muchos cotidianas (como el hambre, la muerte o la miseria y otras cuantas calamidades inventadas por el hombre para el hombre), en todo caso, es lamentable que el hombre hiciere común lo extraordinario, de hecho cada mañana con Benedetti será una buena noticia, sí y solo si, recuperamos la capacidad de darnos cuenta.

El darse cuenta, es la síntesis de una vida contemplativa en el silencio de un ser que se detiene a discriminar lo esencial a su naturaleza; con Darwin quizá nos hemos históricamente aventurado a hipotetizar un posible accidente de la condición del homo sapiens, en tanto como especie se haya inmerso en la lógica de la selección natural dentro del encause de la ley del más fuerte, sin embargo, ¿será acaso la racionalidad que muchos ostentamos la causa de la tergiversación en la aplicabilidad ontogenética de tal ley? Lo anterior por cuanto, el león es depredador de cebras, pero jamás hará algo para que la cebra se extinga, tal vez, Darwin omitió el referente de la selección natural, donde el exterminio de una especie supone a su vez la extinción del más fuerte, en el caso del hombre, el exterminio del planeta (convertido hoy en su presa) terminará por ser su propio exterminio.

Años han pasado y aún en los albores de la más desalentadora situación ambiental, el hombre como especie no se dispone a reconocer en acciones su responsabilidad agente o encubridora, frente a los fenómenos ambientales y sociales que a diario estremecen a quienes aún preservan en su ser escollos de humanidad, muchos otros seguimos estando, transeúntes de un presente que deseamos sea nuestro, siendo a veces, ajenos ante los acontecimientos, o por instantes realmente solidarios.

Que será de la navidad sin la vida, del presente sin su sustento, del niño sin ilusiones, de tantos y tantas sin su techo; no obstante, en virtud de las mayorías cómodas, para niñas y ancianos navidad seguirá siendo una sonora palabra, otra fecha para compartir con los nuestros y para que pocos nos cuestionemos dónde quedan los ajenos; algún día espero que la razón de paso al sentipensamiento, para secundar la congruencia de la única especie en cuyo paso arroja resultados devastadores para un planeta que no sólo es nuestro.

El desequilibrio ético en la abolición de la otredad dado el no reconocimiento de la diferencia, hace que el proyecto del hombre diste del perfeccionamiento humano, entendido éste, como un estado de la conciencia donde es posible cohabitar en sí mismos con la bipolaridad de nuestro ser, donde odio y amor dejen la censura, donde la cordura elimine el dañino orgullo  que imposibilita el reconocimiento del error, eje fundamental desde donde es posible en diciembre, mayo o agosto hablar de navidad.

Cambiemos la natilla y los buñuelos solidarizando nuestra mirada en el encuentro con ese otro, en cuyo presente la calamidad del hombre ha arrebatado hasta los deseos de seguir estando. En todo caso advierto, la necesidad de cambiar de sendero, que nuestra ruta integre el camino del ser que se construye en el encuentro del otro, en el acto del comprender subyacente a la mirada empática de la vida, como un suceso no ajeno. 

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